lunes, 29 de marzo de 2010

Pobre de Emilio Palacio, Pobre de su lenguaje tan limitado…

La semana pasada una Juez de lo Penal del Guayas, sentencio a un periodista, por su “interpretación alegre” de la libertad de expresión, no existe en el mundo algo mas sacrílego, que un periodista mienta, sobre que es la libertad de expresión, existe un axioma jurídico, que reza “la libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro” para los periodistas es muy frecuente, en un medio como Ecuador, el creerse dueño de la verdad, de la palabra y de la interpretación de estas, ahora Emilio Palacio, periodista de años, se le ha sentenciado por su libre albedrío interpretativo, para él, según dice, “matón” no significa más que bravucón, y tan simple entonces, ¿porque no dijo bravucón en vez de matón?, si desconocía el significado valedero de la palabra, ¿Por qué no investigo, o simplemente por qué no uso esa palabra bravucón y punto, evidente mente esa fue su intención.


Me causa verdadera admiración, la lacónica defensa del periodista quien manifiesta que le preocupa no el indigno mal uso que hace de su profesión, sino, que le manden a la cárcel y le cobren los daños, acostumbrado como está a sentirse dueño de la verdad, deambula de espacio en espacio queriendo decir mil mentiras para intentar crear una verdad, que es injuria el acusar de asesinato a cualquier ciudadano es delito, que ni que, y más aun cuando este ostenta un puesto o cargo público el cual merece respeto y consideración, que sus métodos estén reñidos con las buena costumbre, la ética, la honorabilidad o cualquier otra limitante social, pues ese hecho debía ser denunciado en un reportaje investigativo, y no en un caldo de lengua, en donde acusa frontal mente a su ofendido, y acusador.


Los demás medios donde la lengua es el arte de la ofensa, dan cabida a este señor periodista, que como todos vemos si ha tenido derecho a la libre expresión, he ahí que la usa para todo menos para disculparse de quien fue agredido por sus abruptos, por sus lapsus, mantiene el orgullo endurecido por un espacio que le dan los periodistas que no quieren perder la primicia de manipular la verdad, muchos de estos ciudadanos, se especializan en sesgar la verdad y luego cual lupanar público, sacan libros para contar verdades que conocían y guardaban y que nunca contaron, pese a que la obligación ética, moral y profesional de un periodista es esa, contar la verdad cueste lo que cueste, y no disfrazarla para tener que contar cuando publique un libre o se encuentra en oposición a un régimen, como si la información y la verdad se debieran manejar a capricho.


Pobre Emilio Palacio, quizás la suerte y el saber decir las palabras correctas le hagan razonar y pensar que aun estando donde esta, la pena puede quedar en nada si se disculpa por lo hosco de su lenguaje y la ignorancia de su sapiencia, que al parecer debería volver a las aulas universitarias siquiera para conocer un poco mas de que habla cuando escribe.

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